top of page

¿Podemos desaprender?


No todo lo que aprendemos nos impulsa a evolucionar; en ocasiones, para avanzar debemos soltar aquellos conocimientos que nos impiden crecer.


El desaprendizaje no es solo una herramienta para maestros y estudiantes. Es una habilidad profundamente humana que todos necesitamos en algún momento de la vida, independientemente de nuestra edad, profesión o contexto.


Lo que hace valioso este enfoque es que el desaprendizaje no espera a que terminemos la escuela para volverse necesario. Ocurre en la crianza, cuando los padres descubren que educar a sus hijos requiere soltar la manera en que ellos mismos fueron educados; o en el trabajo, cuando una empresa entera debe abandonar una forma de operar que mantuvieron durante años, puede ocurrir en la vida personal, cuando las circunstancias nos obligan a reconstruir desde cero la imagen que teníamos de nosotros mismos.


Hoy, seguir enseñando y aprendiendo del mismo modo en que lo hemos hecho siempre no es viable. Porque si, como tanto se repite, “los niños ya no son como los de antes”, ¿por qué la educación tendría que seguir siendo la misma?


Históricamente como docentes hemos hecho un trabajo excelente enseñando a memorizar conceptos, fórmulas, fechas y nombres, pero, y ¿enseñar a cuestionar? ¿a soltar ideas preconcebidas? ¿normas impuestas?... Nadie nos preparó para reconocer cuando una forma de pensar pasa de ser un recurso a limitarnos y esto genera consecuencias tanto en las aulas como en los docentes y, sobre todo, en los estudiantes que tal y como avanzan las cosas, necesitan  aprender de otra manera.


Desaprender implica revisar crítica y conscientemente la manera en que hemos construido nuestras ideas, detectar cuales ya no son válidas o útiles, y estar dispuestos a reorganizarlas.


Conlleva tres momentos que se retroalimentan entre sí:


1. Aprender: incorporar información, conceptos o habilidades.

2. Desaprender: cuestionar eso que se incorporó, ponerlo a prueba, identificar sus límites. 

3. Reaprender: construir una comprensión nueva, con más sustancia y adaptada a la realidad actual. 


Desde la neurociencia, este proceso tiene una base concreta: La neuroplasticidad, es decir, la capacidad del cerebro para reorganizar sus conexiones a lo largo de toda la vida, es lo que hace posible el aprendizaje a lo largo de toda nuestra vida (también el desaprendizaje). Cuando cuestionamos una idea arraigada y la reemplazamos por una comprensión más compleja, la red neuronal ya establecida se modifica, se amplia, y  se hace más flexible. 


Lo que hace especialmente valioso este concepto para la educación es que no se aplica sólo a los estudiantes. Los docentes también tenemos esquemas, metodologías y creencias pedagógicas que en algún momento fueron útiles pero que hoy pueden estar limitando su práctica. Desaprender, entonces, es una tarea de todos los actores involucrados en el proceso educativo.


¿Por qué es importante para la educación? 


Los sistemas educativos fueron diseñados, en su mayor parte, para un mundo estable. Un mundo donde el conocimiento cambiaba lentamente, donde las profesiones duraban toda una vida y donde enseñar significaba transmitir un conjunto fijo de saberes de generación en generación. Ese mundo ya no existe.


Hoy, un estudiante que ingresa a la educación primaria se graduará en un mercado laboral radicalmente distinto al actual. Muchas de las profesiones que ejercerá probablemente no existen todavía. Las habilidades que necesitará no se reducen a memorizar contenidos, sino a saber cuestionarlos, adaptarlos y reconstruirlos ante situaciones nuevas. Sin embargo, la estructura de buena parte de los sistemas educativos sigue premiando la reproducción del conocimiento por encima de su transformación. Con ello, enseñamos a nuestros alumnos a que el error es un fracaso y no una oportunidad para aprender qué no debes hacer.


Es importante que a nuestros estudiantes les enseñemos a pensar sobre cómo piensan, es decir, desarrollar en ellos, la capacidad de reflexionar sobre el propio proceso de aprendizaje: la metacognición. Así, no solo podrá resolver un problema, sino que podrá identificar qué estrategia usó, por qué funcionó o por qué fallo, y qué debería cambiar la próxima vez. Y que importante son estas cuestiones no solo en el ámbito académico sino en toda su vida. 


Y en nosotros mismos, aceptar que nuestro rol transmisor ha cambiado, dejar de ver a nuestros estudiantes como depósito de conocimiento. Nuestra misión ahora es acompañar a nuestros estudiantes a integrar en su vida estos conocimientos a  hacer preguntas que incomoden, a cuestionar y reconstruir ideas aún cuando esas preguntas nos cuestionen a nosotros mismos y nos inviten a  desaprender metodologías, creencias sobre cómo se evalúa, cómo se gestiona el aula o que significa saber algo necesitan ser revisadas con la misma honestidad que se le pide a los estudiantes.


Acciones concretas para llevarlo a la práctica: 


Reconocer la importancia del desaprendizaje es el primer paso. Luego:


- Cultivar el pensamiento crítico esto significa enseñar a los estudiantes a preguntarse de dónde viene una idea, qué evidencia la sostiene, que otras perspectivas existen y qué ocurriría si la miramos desde otro ángulo. 


- Contextualizar el aprendizaje a situaciones reales Cuando los estudiantes se enfrentan a problemas complejos y abiertos, sin una respuesta única y predefinida, se ven obligados a poner a prueba sus esquemas previos. Este tipo de situaciones genera una tensión productiva: lo que sabíamos no alcanza, y eso nos obliga a reorganizar nuestro pensamiento.


- Enseñar a tolerar la incertidumbre. El desaprendizaje no puede prosperar en entornos donde todo debe estar controlado, pues en la vida real no todo está controlado. Las instituciones educativas necesitan construir espacios seguros donde equivocarse, rectificar y cambiar de postura sea visto como algo positivo y necesario sin penalizarlo. 


Incorporar la retroalimentación como práctica central, no al final del proceso, sino a lo largo de todo el. Una retroalimentación bien diseñada no solo informa al estudiante sobre lo que hizo mal: lo invita a reflexionar sobre por qué lo hizo así, que suposiciones estaba usando y cómo podría replantearse. Revisa nuestro artículo sobre la importancia de la retroalimentación para el aprendizaje.


Modelar el desaprendizaje desde la figura docente, porque no hay herramienta más poderosa en la enseñanza que el ejemplo. Así cuando mostramos a través de nuestra experiencia que cambiamos y modificamos patrones de pensamiento y acción, estamos enseñando que  el conocimiento es dinámico, que las certezas son provisionales y que crecer intelectualmente requiere soltar.


La educación tiene enfrente un desafío: repensar para qué sirve aprender. Si la respuesta sigue siendo para acumular información, el sistema seguirá formando personas muy preparadas para responder preguntas que nadie va a volver a hacer. Si en cambio la respuesta evoluciona hacia saber pensar, cuestionar y adaptarse, entonces el desaprendizaje deja de ser un concepto abstracto y se convierte en la brújula de una nueva manera de educar.


Habría que abrir cada año escolar reformulando la pregunta "qué queremos aprender" a "qué podemos desaprender"


Gracias por llegar hasta aquí. Si te ha parecido útil esta información no dudes en compartirla y dejarnos abajo tus comentarios.


Te dejamos los links de las fuentes consultadas para que puedas ampliar la información:


Referencias:


Cabezas Tito, L. (2021). Criterios de evaluacion del desaprendizaje para deconstruir lo aprendido y reaprender mediante la neuroeducacion. Revista CIGG, 52, 63-78. https://revista.grupocieg.org/wp-content/uploads/2021/10/Ed.5263-78-Cabezas.pdf


Chukwuemeka, E. J., & Garba, M. (2024). Technology as a catalyst for learning and unlearning: A tool for navigating education in a dynamic society. European Journal of Interactive Multimedia and Education, 5(2), e02404. https://doi.org/10.30935/ejimed/15640


Finch, J., et al. (2024). Unlearning, relearning, staying with the trouble: Scenarios and the future of education. ResearchGate. https://www.researchgate.net/publication/374848147


Macias Aguilar, et al. (2025). Neuroplasticidad como base del aprendizaje significativo. Ciencia y Educacion, 6(6.1), 788-801. https://doi.org/10.5281/zenodo.16930392



Comentarios


2020© Derechos Reservados.

  • twitter
  • instagram
  • youtube_1@2x-8
  • facebook_2@2x-8
bottom of page